jueves, 8 de marzo de 2007

Sólo son dos poetas armados con objetos de ciencia ficción


“Un libro es un objeto de ciencia ficción: a través de ellos podemos escuchar en nuestro interior las voces de los autores que leemos”. Con frases como ésta se fue desarrollando la muy interesante charla-conferencia que, con motivo del Congreso Internacional de Jóvenes Lectores de la Generación del 27, realizaron los escritores andaluces Luis García Montero y Justo Navarro en el Centro Cultural Villa de Nerja. El primero, Premio Nacional de Poesía en 1995, señaló la importancia de la Generación del 27 y su compromiso con la modernización de España, modernización truncada por la Guerra Civil Española que paradójicamente supuso la mitificación de estos escritores. También trazó un recorrido por sus momentos referenciales: el exilio, con la nostalgia de la España perdida; y la transición, con la recuperación de la memoria histórica silenciada por la dictadura de Franco. Por su parte, Justo Navarro, poeta, novelista, crítico literario, columnista de El País y traductor de autores como Paul Auster, Scott Fitzgerald y Virginia Wolf, entre otros, describió a Nerja como un lugar especial para la Generación del 27. Aquí tienen o han tenido su residencia los García Lorca y los Giner de los Ríos, así como otros artistas afines, el pintor José Guerrero y el ensayista Claudio Guillén, hijo de Jorge Guillén. Ambos escritores compartieron con los alumnos y profesores de diversos institutos de secundaria de toda España, Argentina, Marruecos que conformaban este Congreso, sus experiencias con respecto a la creación literaria y a la magia de abrir un libro y descubrir mil mundos distintos. Y todo esto lo pude presenciar (junto a una exigua representación de la cultura nerjeña) gracias a un pequeño cartel colocado en la puerta de la librería Europa, a la curiosidad de conocer más sobre la Generación del 27 y que el azar me llevó a disfrutar de esos instantes ensoñadores que siempre reparten esos objetos de ciencia ficción que son los libros.

A continuación unos fragmentos de las intervenciones de Luis García Montero y Justo Navarro:


4 comentarios:

Carintia dijo...

Me ha sorprendido que Justo Navarro afirme que la lectura es un diálogo entre autor y lector. Siempre he pensado que es un monólogo. No sé si lo dirá porque el lector interpreta la obra a su libre albedrío y así, en cierto modo la hace suya. Me ha parecido una reflexión muy interesante en la que llevo pensando todo el día. Una pena que la charla fuera en horario laboral, pero qué le vamos a hacer. De todas formas, y aunque yo no pueda asistir en muchas ocasiones, debemos promover este tipo de encuentros que nos liberan de la rutina y la desidia de día a día. Afortunadamente, ahora contamos con NerjaPop para poder estar al día de todas estos encuentros. A seguir así.

PopBelmondo dijo...

Gracias Carintia por tu apoyo. Conocer de primera mano a escritores de este calibre es una actividad que debería estar mejor publicitada.POR otro lado creo que la lectura es una experiencia de dos, el escritor que lanza ideas, temas y el lector que las recibe y las hace suyas. El creador busca una reacción en el lector y este responde asimilando el imaginario del autor.

Atir dijo...

Aprovecho estos momentos en que se habla de literatura para reividicar el Nobel a Miguel Delibes.

Atir dijo...

Toda persona no bibliófila (que no lectora) entra en una librería como un elefante en una cacharrería, y perdón por el pareado. Resulta tan desolador comprobar cómo hay gente que coge los libros como si fueran propaganda de supermercado, como si no se estropearan o no fueran material sensible. Sensible en todos los aspectos, y es que no hay nada que tenga el sentimiento humando de la fidelidad tan incrustado como un libro. Eso sólo lo entienden los enamorados de la lectura y del libro en sí mismo, como objeto. Para un lector y para un bibliófilo, el libro es algo vivo. Un ser paciente que espera a ser abierto y leído. Podrán pasar años, generaciones enteras sin que sus páginas sean abiertas y descubiertas, pero finalmente llega el día en que hay alguien que, quizá buscando la manera de combatir el tedio, o tras sufrir una emoción desbordante, descubre aquello que el libro lleva dentro. No hay nada en el mundo que se pueda comparar a la emoción que siente una persona al hallar en el fondo de una estantería, perdido en lo oscuro de una librería ese ejemplar que lleva años buscando, con el que ha soñado, que ha imaginado tantas veces y del que quizá tenga sólo vagas referencias; quizá sepa cuál es su primera frase o tal vez haya leído un párrafo o un capítulo dentro de otra obra. En la mayoría de los casos, sólo tendrá una vaga idea del argumento. Y como los argumentos son limitados, la gente se preguntará por qué debe ser ese libro el que le quite el sueño y no otro de similares características. Y eso será como preguntar por qué te enamoras de una persona y no de otra. Por eso, cuando una alguien se acerca al libro sin respeto, sin valorar el hecho de que el libro es el gran instrumento difusor de las ideas, el que ha hecho progresar a la humanidad al ser el vehículo que ha transmitido a una generación lo que supo su antecesora, esa persona es digna de lástima, ya que nunca será capaz de sentir ese enamoramiento brutal del lector por una obra.