martes, 23 de abril de 2019

Aquella velada de cine, boxeo y libros.

El programa de Radio 3 "Efecto Doppler" lanzó hace unos días la pregunta a sus oyentes si preferían el libro en papel o el digital y dar razones del porqué de su elección. Muchas son las razones para preferir el formato físico, pero hay una que en estos días se ha revelado con fuerza. En sus páginas podemos encontrar dedicatorias y deseos escritos por seres queridos que ya no están con nosotros. Leerlas de nuevo años después emocionan en un viaje de ida y vuelta. Nos traslada a ese momento pasado de futuro desconocido y ahora presente.

Mis padres no dudaban en regalarme libros. En fechas señaladas, también a final de curso, siempre caían novelas de todo tipo. En muchos de ellas están escritos sus mejores deseos y sus palabras de amor. También he encontrado algunas dedicatorias de escritores que en algún encuentro o mesa redonda me llevaban a comprar su libro y con cierta mitomanía pedirles que lo dedicaran. Una de ellas toma especial valor en estos días: "Para Ricardo, con el abrazo de su amigo del "ring side". Manuel Alcántara". Ese Ricardo no era yo, sino mi padre, y esa dedicatoria está firmada en un ejemplar  de "La edad de oro del boxeo. 15 asaltos de leyenda", recopilación de crónicas pugilísticas del periodista y poeta Manuel Alcántara, recientemente fallecido. Otro viaje de ida y vuelta, un regalo que le hicimos y que estaba al lado de su sillón, esperando ser terminado cuando mi padre nos dejó. Tiempo después ese libro encontró nuevos lectores en las estanterías de nuestra casa.

Volver a esa dedicatoria ahora es un salto a casi cuatro años atrás gracias a una máquina del tiempo entre las manos. Cogimos desde el Palo con suficiente antelación el bus de la línea 11. Desde el Parque llegamos al Centro Andaluz de las Letras situado en calle Álamos con paso lento, pues la enfermedad no le permitía caminar y charlar. Creo que es de las pocas actividades culturales a la que asistimos juntos. En otra ocasión por nuestra común onomástica lo convencí para ver en el cine "Blue in the face". Se quedó roque al instante en la sala oscura de uno de los multicines de la Rosaleda. Esta vez también había proyección cinematográfica por medio, y también boxeo y periodismo. Todo eso se daba en el encuentro con Manuel Alcántara en torno al deporte de las 12 cuerdas y a los dos nos producía especial placer e ilusión disfrutarla juntos. De aquella tarde escribí lo siguiente en las redes sociales:

"Apasionante velada en torno al cine, el boxeo y la literatura celebrada ayer en el Centro Andaluz de las Letras. Se inició con la proyección de la película "Young Sánchez", dirigida por Mario Camus y basada ligeramente en un relato de Ignacio Aldecoa. Tras más de 50 años mantiene vivo un retrato de la huída sin escrúpulos de la pobreza. Director y escritor tuvieron una estrecha relación con el protagonista de la velada, el periodista y poeta Manuel Alcántara. Al finalizar la película del año 1963 con el grito deseperado del protagonista: "Sí, me explotan, pero al menos me dan algo",  Alcantara dialogó con Teodoro León Gross y Juan José Téllez sobre su relación con el boxeo y los boxeadores, su carácter dramático ("Donde hay drama, hay pasión") y redentor, vía de escapatoria para muchos parias, que pagaron con creces los golpes entre las doce cuerdas. El periodista confesó que dejó de escribir crónicas pugilísticas cuando vio morir en el ring a un hombre. Silencio en sus palabras durante unos segundos.
El cine y la literatura estuvieron presentes en el recuerdo, mencionando como una de las mejores novelas sobre este deporte al que nadie dice que juega, "Más dura será la caída" de Budd Schulberg (guionista de "La ley del silencio"), perteneciente al Partido Comunista Americano y al que durante la Caza de Brujas traicionó delatando a sus compañeros de militancia en el Hollywood de finales de los años 40.
Habrá quien intente lanzar paralelismos entre nuestra propia existencia y un combate en el cuadrilátero, quienes sean fajadores o finos estilistas, quien sea rápido de pies y quien tire la toalla a sangrar torrencialmente una ceja sin poder aguantar más asaltos. Pero siempre tocará la campana de fin de la pelea y cada cual se irá a su rincón. Yo estuve ayer acompañado por uno que no tira la toalla".

Todo combate tiene su fin. En este sus protagonistas nunca tiraron la toalla durante el intercambio duro y cruento de golpes, pero ya sabemos quién gana siempre. 
 

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