lunes, 13 de agosto de 2007

Los mecheros se alzaron con Danza Invisible.


Pensaba que lo de ondear mecheros encendidos al son de un baladón había quedado para el recuerdo. Pues no, fui testigo de cómo más de uno elevaba la llama de su encendedor mientras Danza Invisible interpretaba su versión de Yolanda. Fueron pocos, enseguida fueron sustituidos por las luces de los teléfonos móviles.Es el signo de los tiempos, como dijo Prince.

Danza Invisible hizo un ejercicio de nostalgia recorriendo gran parte de su, por qué no decirlo, glorioso repertorio el pasado sábado en la playa de Burriana. Fue el concierto más multitudinario de los celebrados hasta ahora en la playa. Público de distintas generaciones. Padres con sus hijos a hombros, para muchos la primera vez asistiendo a una actuación en directo, familias completas con sus neverillas, grupos de amigos con sus bolsas de plástico llenas de botellas (botellón en la playa). Algunos se desgañitaban cantando El ángel caído, sin aliento, el brillo de una canción y otras más de la época gloriosa del grupo de Torremolinos. Y puedo decir que en muchas ocasiones oía con más nitidez a los fans que al propio Javier Ojeda. Incluso desde la posición cercana a las barras se podía calificar el sonido de nefasto, pobre de potencia, los graves machacaban cualquier sutileza de las canciones. La voz del carismático cantante apenas superaba lo aceptable en cuanto a volumen. Cierto es que una vez que te colocabas más centrado frente al escenario el sonido mejoraba, pero en absoluto como para de darle un aprobado. ¿No eran suficientes los más de 15000 € que costaba la actuación? No entiendo cómo un grupo de esta categoría no tiene una calidad de sonido acorde con su veteranía. Aunque lo que no se puede negar es la entrega de Danza Invisible. Un espídico, anfetamínico Javier Ojeda saltaba, corría, se mezclaba entre el público en distintas ocasiones, baño de multitudes en toda regla. La banda demostraba oficio. Y los presentes coreaban los temas que han cantado centenares de veces en los bares de Nerja (ahora apenas la música española de los 80 y actual está presenta en el pensamiento de los djs locales). Para algunos/as una noche mágica, por unos instantes olvidaron sus canas, calvas,,estrías e hipotecas.


Si te dio pereza bajar a Burriana, si quieres revivir algunos de los momentos de ese concierto, he aquí un vídeo con las canciones Naturaleza muerta y Sabor de amor.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

A pesar del pésimo sonido y de volver a la adolescencia con el botellón playero..."Y lo bien que lo pasemos y lo mucho que nos reyimos" jejeje. La verdad que fue una gozada de concierto, eso de ver a padres y a hijos cantando y tarareando las canciones fue una gozada..Yo sigo queriendo saber quien es el camello de Javier Ojeda ¡Menuda energía derrochaba el tío!

hep dijo...

Pues si, yo fui otra de las que disfrutó con el concierto y con el botellón. Fue una vuelta a los 80 , sobretodo por que este hombre sigue siendo de goma. Yo estaba casi en la orilla, a unos buenos metros, y el sonido llegaba hasta allí de una forma homogénea y con calidad, no notamos que distorsionaran los graves.

Fue un placer volver a verlos y cantar. Ojalá hubiera más conciertos de este tipo.