jueves, 23 de julio de 2009

El duende flamenco se apoderó del 50 Festival de la Cueva de Nerja con el cante de Miguel Poveda.

No soy entendido en flamenco ni en palos, ni qué es cante purista ni quien se deja llevar por las modas del mercado musical. Simplemente noto el pellizco. No ese que da una madre para llamarte la atención, ni el que le pego al barra de pan entre horas, es en el que por un momento el corazón ante la belleza representada en arte te deja el corazón en suspenso y en el que notas como se te erizan los vellos de mi piel. Y eso anoche, con Miguel Poveda, ocurrió a unos cuantos metros bajo tierra.


Esperando la actuación del cantaor catalán en la zona reservada a la prensa (por llamarlo de alguna forma), se produjo uno de esos encuentros habituales en este tipo de actos en el que te preguntan por cómo te va la vida y qué haces allí. Uno comenta que realiza un blog cultural llamado Nerja Pop y te responden que esa noche poco pop va a haber. Pues se equivocaba, la palabra "Pop" es una contracción de "Popular", referido de lo que surge del pueblo, de las calles, de la gente a pie, y la velada que disfrutamos junto a Poveda es un ejemplo de arte popular con mayúsculas, además con una capacidad de sintonía con el público extraordinaria, que no se cortó en absoluto a la hora de comunicarse con el artista encima del escenario.

Afortunadamente con menos retraso que la jornada anterior, las luces se apagaron, y por unos segundos el silencio se adueñó del espacio subterráneo. Entonces bajo un fondo ambiental de música, apareció en solitario Miguel Poveda que desde el primer minuto se ganó a los asistentes. Posteriormente se le unieron Luis Cantarote y Carlos Grilo a las palmas, Paquito González a la percusión y Chicuelo a la guitarra, a los que el propio cantaor los llamó su "equipo A", aunque sin furgoneta, pero que todo llegará, como apuntilló. Entre sus cantes piropeó a las provincias de Andalucía, y su hermana Sonia salió para acompañar al baile las canciones.

Agradeció el artista la posibilidad de participar en este festival que además celebra su cincuentenario. Así pasa a formar parte de la historia de este acontecimiento cultural con letras de oro. Para agradecerlo dedicó al público la canción "A ciegas", incluida en su último disco, el superventas "Coplas del querer" y que se cerraba los títulos de crédito de la película "Los abrazos rotos". La conexión con los asistentes era evidente: aplausos y diálogo cercano. Se preguntó por la humedad del lugar, que le hacía sudar de lo lindo y comentó que pese a su intención de subir al escenario "apañao" no tenía más remedio que quitarse la chaqueta. O como mirando hacia el techo observó como una amenazante estalactita apuntaba directa a su cabeza, aunque le quitó hierro al asunto, diciendo que más bien parecían las estalactitas alfileres de colores, como la copla que posteriormente interpretó.



Entre los distintos palos, hubo cantes por tangos y cantes de Levante (mineras). Con estas últimas, aprovechando la circunstancia de actuar en el interior del subsuelo las hizo en recuerdo del oficio de minero, gremio al que pertenece parte de su familia. También acudiendo al recuerdo, a como él la denominó, la radio de la infancia, con la que descubrió las letras más bonitas de genios como Rafael de León. Así rindió homenaje a la copla, con un estilo muy aflamencado (me gusta muchísimo este modo interpretarlas por él que las grabaciones y arreglos recogidas en su exitoso último cd). De este modo se escuchó un popurrí que entre otras contenía "Limosna de amores", "No me quieras tanto", "María de la O", "Esos 4 capotes" (homenaje a las tonadilleras más grandes), la antes mencionada "Alfileres de colores" entre otras y acabando con "Ojos verdes" que cantó sin la ayuda del micro, provocando el pellizco que os comentaba al inicio. Copla con "sentío", olvidándose encima del escenario de ese revival mediático de bata de loca histriónica y de peineta rancia. Me recordó a Martirio cuando estuvo hace un par de años por aquí. Ellos saben lo que cantan, ellos viven lo que cantan.

Llegaba el momento de la despedida, "una juerga final, pero sana". Pero el público en pie, aplaudiendo a rabiar, pedía más (igualmente como con Serrat, parte del público se levantaba para marcharse. Ellos se perdieron lo que quedaba por venir). Como en toda fin de fiesta flamenca cada uno de los artistas subidos al escenario y alguno más que se agregó por invitación del propio Miguel Poveda se arrancaron a bailar. Apoteosis final, público entregado y cantaor que se llevará un gratísimo recuerdo de su paso por la Cueva de Nerja. Como dije antes, Arte Popular con mayúsculas.
Algunas veces opto por preguntarle a un entendido de flamenco que no se pierde una (no diremos nombres) y que entre comentarios sobre la pureza o no del cante desplegado, de lo acertado de algunos palos, o de dirigir su flamenco hacia un amplio público, sí destacó que la noche fue la mejor en cuanto a cante flamenco que ha visto pasar por el festival de la Cueva de Nerja.

Y así termina mi paso este año por el 50 Festival de la Cueva de Nerja, otros menesteres reclaman mi atención, por lo tanto no podré escribir más crónicas sobre lo que acontezca de aquí al domingo. Si alguien quiere compartir su visión o crónicas sobre las próximas actuaciones, Nerja Pop está abierta a vuestra participación.

Me gustaría cerrar con la letra de una de las coplas que cantó Poveda, se trata de "Buenas intenciones" (sacada de esta web):

Trae buenas intenciones
pero pronto se quedan en
será que se le olvidaron
tendrá endeble la memoria
o nunca fueron verdad

Yo me llevo lo que pueda
que nadie se ponga enfrente
no conozco ni a mi pare,
eso dice alguna gente.

Palabras vanas de baratillo
las dijeron sus labios
cuando busco cobijo.

El poco saber que tengo
de nadie lo recibí,
cavilando honradamente
lo encontré y no lo perdí
como el que guarda su suerte.

Yo me llevo lo que pueda
que nadie se ponga enfrente
no conozco ni a mi pare,
eso dice alguna gente.

Era una tarde de la velaíta de Santa Ana,
me publicaste, compañerita,
tú me publicaste,
cómo has tenío el valor de dejarme

2 comentarios:

gloria dijo...

YO TAMPOCO SOY ENTENDIDA EN FLAMENCO, PERO POVEDA PELLIZCA EL ALMA

Atir dijo...

Me he enamorado de la voz, del arte, de la gracia, del poderío, del todo alucinante que es Miguel Poveda. Me faltó noche. Habría querido que el concierto no acabara nunca. A alguien le dije anoche que igual no se encontraba al neanderthal que buscan, pero que la voz de la cueva apareció anoche...